La voz de Sandra Arroyo Salgado la trasciende a ella misma. Trasciende el cargo de jueza que ocupa, en esa Justicia tan manipulada por el poder político. Y va mucho más allá de las simpatías que tuvo con el kirchnerismo y de los servicios que le prestó al kirchnerismo.

Trasciende, además, su vínculo con Alberto Nisman, al que a secas llama el fiscal Nisman o el doctor Nisman. Se refiere a él con profesionalismo, no con afecto. Pero es la única que piensa en Nisman como persona y no como objeto político. ¿Qué mayor objetividad que la de una ex pareja que dejó atrás tanto el amor como el desamor?

Arroyo interviene con la potencia de una madre. Por sus hijas busca justicia: quiere que ellas sepan y que se sepa. La muerte de Nisman es una muerte aún sin explicación. Le bastaron unos minutos de televisión para dar un giro al caso y convencer a mucha más gente de la que ya estaba convencida de que su ex esposo fue asesinado. Las pruebas que presentó no son definitivas y deben ser confrontadas. Pero la convicción y la seriedad con las que habló transmitieron una certeza que el Gobierno nunca consiguió.

Es imposible ignorar el contraste entre esa exposición de la jueza y las de la Presidenta. Arroyo ofrece pruebas. Cristina no ofrece pruebas, ofrece tramas de cuento policial. Es extraño: las dos estaban alejadas del fiscal. Cristina, por la furia que le provocó su denuncia. Sandra, por la vida. Hoy encabeza una lucha por la verdad que es de muchos, como también Nisman es un muerto de muchos.

La Presidenta escribió que el fiscal se había suicidado y después que fue asesinado. Unas veces Nisman es un títere, otras un perverso, otras un bebedor o un adicto. Sus discursos son diferentes, sus intenciones también: Cristina intenta asesinar la memoria del fiscal, Sandra intenta preservarla.

Sandra aparece maquillada casi sin maquillaje. Discreto. Ojos y poco más. Un maquillaje para no llamar la atención. Cristina exhibe el maquillaje antes que la piel. Se enmascara. La jueza es muy abogada incluso en la vestimenta. Se presenta con economía de gestos y de tonos de voz. Lo opuesto a la cumbiamba de la Presidenta.

Hay otra diferencia: Cristina no tiene o no sabe qué decir. Sandra parece guardar un montón de evidencias. La Presidenta actúa como si se tratara de un caso cerrado. La jueza actúa como si nada fuera como dicen que fue. A las dos las une la muerte de quienes fueron sus cónyuges. Las separa un rol opuesto en la causa más conmocionante de la Argentina.

 

Por Ricardo Roa

Fuente: clarin.com

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