El director, Fernando Olmeda, desvela cómo se grabó el encuentro -único e irrepetible- del juez con Julian Assange y Roberto Saviano en la Embajada de Ecuador en Londres.

Julian Assange y Roberto Saviano en la embajada de Ecuador en Londres.

Lo que más me llamó la atención fue ver a Julian Assange en calcetines. Un detalle aparentemente menor, pero que trasladaba la verdadera dimensión de su confinamiento en la Embajada de Ecuador en Londres. Desde hace dos años, el fundador de Wikileaks no usa zapatos, Al menos, como los usamos los demás. No los necesita.

Me sobrecogió ver que solo el simple umbral de una puerta separaba Ecuador del Reino Unido. Que si al fundador de Wikileaks se le ocurriese poner un pie más allá de esa línea imaginaria, el policía de guardia en la puerta podría agarrarlo del brazo o del cuello, y detenerlo. Vestía una camiseta de la selección australiana con el número 7 a la espalda, y nos recibió con amabilidad distante, con la mirada desconfiada de alguien que se sabe en peligro real, alguien que sabe que su vida está condicionada por la amenaza de una extradición a Suecia -posiblemente después a Estados Unidos- y de una condena de prisión.

Nos disponíamos a grabar uno de los capítulos deVoces para un mundo mejor, serie de Plural Entertainment en colaboración con la Fundación Internacional Baltasar Garzón. Encuentros del magistrado español con grandes líderes y referentes de la humanidad (tres Premios Nobel –Shirin Ebadi, Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú-, además de LulaKerry Kennedy, Julian Assange, Roberto Saviano, Juan Méndez,Federico Mayor y un capítulo de cierre en el que entrevisto al juez) para hablar del grado de cumplimiento de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Reunir a Garzón, Assange ySaviano en un encuentro único e irrepetible fue idea de la entonces directora general de Plural,Nathalie García. No era fácil, por la apretada agenda del juez, la limitación de movimientos del periodista italiano y la comprometida situación del activista australiano. Gracias a las gestiones de FIBGAR y del periodista Francesc Escribano logramos nuestro objetivo. Por razones de seguridad y de estrategia empresarial, se acordó estricta confidencialidad. Ni siquiera el equipo técnico tenía información concreta sobre el trabajo que iban a realizar en Londres. Sabían que se trataba de una entrevista, pero desconocían a quién.

Era un sábado muy frío, caía aguanieve en Londres, pero frente a la Embajada había un grupo de incondicionales de Assange con pancartas y banderas. Nos recibió personal de seguridad de una empresa española. Habilitamos como set el despacho de la Embajadora, Ana Albán, que se presentó con elegante atuendo deportivo. En una sala de reuniones contigua instalamos unos módulos prefabricados para las dos traductoras simultáneas, para facilitar la fluidez de una conversación en tres lenguas (español-inglés-italiano). Fue una excepcional conversación de cien minutos que, por necesidades de emisión en televisión y para evitar referencias temporales ya superadas por la actualidad, hubo que reducir a cuarenta. Cuarenta minutos con reflexiones profundas sobre los artículos 13 y 19 de la Declaración, relativos a la libertad de circulación y a la libertad de opinión y expresión.

Al final, el equipo se fotografió con los protagonistas y con la Embajadora. Todo el material audiovisual y las fotografías quedaron embargadas. También Julian y Roberto mantuvieron la confidencialidad del encuentro, que el italiano no comentó en un artículo en l’Espresso. Solo se autorizó la difusión de una foto, que Roberto subió a su muro de Facebook. Ambos pasaron unos minutos en las dependencias privadas de Julian. Después de firmarme un ejemplar de Gomorra, Roberto me confesó que le había sorprendido la fortaleza y el equilibrio de Julian, en comparación con las debilidades que provoca su vida neurótica, errante y solitaria. No eran dos hombres devastados, sino con ese pedigrí de luchadores que tienen quienes defienden la libertad de expresión,aun a costa de poner en grave peligro su vida.

Aspirábamos que el documental se emitiese antes de la salida del fundador de Wikileaks de la Embajada, pensando que permanecería enclaustrado solo un breve espacio de tiempo. Cuando, el pasado verano, ofreció una rueda de prensa en la que anunció que saldría pronto, temimos que se quedase desfasado. Pero no fue así. Lamentablemente, nada ha cambiado en su vida. El caso sigue enquistado y no ha trascendido la voluntad inmediata de solución por las partes implicadas.

Roberto y Julian se prometieron mantener el contacto. Fui el único testigo de su último abrazo en el pasillo. “Keep up your courage”, le deseó Julian. “Forza”, respondió Roberto.

“Voces para un mundo mejor” se ha emitido en Canal+ 1.

 

Por Fernando Olmeda

Fuente: nuevatribuna.e

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