Ciudades milenarias arrasadas con bulldozers, estatuas destrozadas a martillazos y libros invaluables quemados y vendidos en el mercado negro. Ese es el resultado de una campaña de destrucción cultural que el grupo extremista realiza en Irak y los países cercanos, una zona conocida como la “cuna de la civilización” por sus aportes a la escritura, la aritmética y la agricultura. La alerta está activada y está movilizando a arqueólogos y organismos internacionales que buscan frenar el vandalismo.

Cada cierto tiempo, el grupo extremista Estado Islámico conmociona al mundo con videos que muestran decapitaciones de prisioneros u hombres acusados de ser homosexuales que son lanzados desde edificios. Pero el 26 de febrero esta organización, también conocida como Isis y que hoy controla más de 50 mil kilómetros cuadrados en Siria e Irak, provocó consternación con imágenes muy distintas. En lugar de ejecuciones, la grabación mostraba el Museo de Mosul, al norte de Irak, y a un hombre que miraba a la cámara y advertía: “Los monumentos que ven a mis espaldas no son nada más que estatuas e ídolos de siglos pasados, a quienes la gente solía adorar en lugar de Alá”.

Mientras un mensaje en pantalla reafirmaba que las antiguas estatuas habían sido “excavadas por satanistas”, miembros de Isis armados con martillos y taladros destrozaban miles de años de historia en minutos. Dos de sus víctimas más emblemáticas fueron dos enormes toros alados asirios, construidos hace casi tres mil años por orden del rey Sennacherib para resguardar la entrada de la capital Nínive, cerca de la actual Mosul.

Las esculturas eran un símbolo de poder del monarca, quien es descrito en la Biblia como responsable de un férreo asedio en Jerusalén. Además, fue en Nínive donde los arqueólogos hallaron las tabletas que contenían el poema de Gilgamesh, el relato épico más antiguo conocido. A los militantes no les importó ese legado y a medida que lo reducían a escombros, el representante de Isis condenaba en cámara el politeísmo de los pueblos antiguos: “Dado que Alá nos ordenó hacer pedazos estas estatuas, es fácil para nosotros obedecer y no nos importa lo que la gente piense, incluso si estas obras valen miles de millones de dólares”.

La reacción internacional fue inmediata. El famoso Museo del Louvre en Francia, dijo que la destrucción “marca una nueva fase en la violencia y el horror, porque toda la memoria de la humanidad se ha vuelto un blanco en esta región que fue la cuna de la civilización”. Precisamente, en Irak y los países que lo rodean existen reliquias y templos considerados invaluables, pues fueron creados por culturas como la sumeria, la arcadia y la babilonia, claves para el desarrollo de la escritura, la agricultura, el urbanismo y la aritmética. Por eso, Irina Bokova, directora general de la Unesco -la agencia cultural de Naciones Unidas-, calificó el ataque como un “crimen de guerra” y afirmó que su horror fue tal que no pudo ver el video hasta el final.

Una limpieza étnica

La campaña de destrucción de Isis no empezó ni terminó en Mosul, y preocupa a arqueólogos y organizaciones internacionales porque sólo en la región que Isis controla en Irak hay 1.800 de los 12 mil sitios arqueológicos del país. La obsesión del grupo por erradicar todas las ideas o representaciones que no correspondan a su interpretación del Islam ya había quedado demostrada en 2014, cuando sus miembros destruyeron con explosivos una mezquita iraquí que supuestamente albergaba la tumba de Jonás, profeta que según la Biblia sobrevivió tres días dentro de una ballena.

El vandalismo de Isis volvió a causar impacto en enero cuando saqueó la Biblioteca Central de Mosul y arrasó con una colección de casi dos mil libros antiguos, que según ellos promovían la “desobediencia a Alá” por lo que serían quemados, aunque según reportes de Associated Press muchos fueron a parar al lucrativo mercado negro.

Los ataques se reactivaron ahora en marzo cuando Isis arrasó con bulldozers Nimrud, ciudad al norte de Irak que databa del siglo XIII a.C.. Días después los extremistas demolieron la ciudad de Hatra, construida en el siglo II a.C. y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1985. “Es un intento por erradicar la rica herencia cultural de la población cristiana asiria en Irak. También es una forma de borrar la existencia de cualquier cosa que no represente la idea que tiene Isis del Islam. Ellos esperan que si logran esto nadie desafiará su ideología”, dice Christopher Jones, estudiante de doctorado en historia del medio oriente en la Universidad de Columbia, quien ha documentado la destrucción en su sitio https://gatesofnineveh.wordpress.com.

Una opinión similar tiene David Mattingly, profesor de arqueología en la Universidad de Leicester y quien ha pasado años excavando ruinas en Libia, otro país que podría ser víctima de Isis. Los arqueólogos temen que el grupo, que participa en la guerra civil de ese país, destruya lugares como Leptis Magna, una de las ciudades romanas más impresionantes del mundo, o las pinturas rupestres de 12 mil años que adornan las montañas Acacus. Para él, el objetivo es no sólo destruir la herencia cultural de las localidades, sino que también los recursos económicos de las comunidades que viven del turismo. “A diferencia del dinero robado de los bancos, que se puede volver a imprimir, muchos artefactos son un testimonio irreemplazable de la historia. Por eso la destrucción sin sentido es considerada como un crimen de guerra”, explica.

Un desafío a Occidente 

El vandalismo de Isis también tendría un fin estratégico: provocar a las fuerzas iraquíes y a potencias como Estados Unidos para que intenten recuperar Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak. “Quieren una batalla con Occidente porque así ganarían credibilidad y reclutas. Desean otro Falluja”, dijo el antropólogo sirio Amr al-Azm al diario The New York Times. El experto, que enseña en la Universidad Shawnee de Ohio, alude a la batalla de 2004 en la que soldados de Estados Unidos le arrebataron la ciudad iraquí a rebeldes de Al Qaeda que luego crearían Isis. Fue el mayor combate terrestre desde Vietnam.

Amr al-Azm tiene interés directo en el tema porque además trabaja con el consorcio internacional “Proyecto para resguardar la herencia de Siria e Irak”, que busca evitar otra práctica asociada a los ataques de Isis: el saqueo de reliquias y su venta en el mercado negro. “Todo se evalúa según su valor. Si sirve como propaganda lo usan como tal. Si pueden venderlo lo venden”, agrega al-Azm. La magnitud del problema se conoció pocos días antes de que Isis se apoderara de Mosul, cuando fuerzas iraquíes incautaron 100 discos duros portátiles: los registros mostraban que los artefactos saqueados de un solo sitio en Siria le generaron al grupo casi 36 millones de dólares.

De acuerdo con datos de Unesco, la venta ilegal de antigüedades mueve casi siete mil millones de dólares al año. Para poner este monto en perspectiva, hay que decir que la cifra corresponde casi al 10% de las operaciones globales de tráfico de drogas. Para combatir este problema Amr al-Azm supervisa un grupo sirio al que llama “monuments men”, apodo con el que se conocía a los expertos reunidos por los aliados durante la II Guerra para recuperar las obras de arte robadas por los nazis. El equipo de Al-Azm está formado en gran parte por estudiantes de arqueología que arriesgan sus vidas y se adentran armados sólo con libretas, cámaras y celulares en el territorio sirio que Isis controla desde 2011 para fotografiar los crímenes contra la herencia cultural. Como resultado de esta campaña, la ONU  prohibió el comercio de todo tipo de artefactos sirios.

“Nadie sabe exactamente quiénes son los compradores. Hay varias fases en la cadena antes que los artefactos alcancen a los compradores de arte fuera del Medio Oriente. Hay intermediarios que compran artefactos en Irak o Siria y luego los llevan a Turquía o El Líbano para su reventa”, indica Christopher Jones. Informes de agencias de inteligencia de Estados Unidos y otros países indican que Isis alienta a los civiles a saquear sitios históricos y luego les cobra un impuesto de 20% de lo que venden. Según la ONU y el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos muchos de los objetos robados, como antiguos collares o tabletas de piedra, terminan incluso en casas de remates legítimas del país del norte.

Medidas de protección

Tras la destrucción en Mosul, la Unesco anunció la creación de una coalición global contra el tráfico ilegal de bienes culturales. Irina Bokova, directora del organismo, ya se ha reunido con autoridades de Interpol y ejecutivos de la casa de remates Sotheby’s.  Los mismos investigadores han tomado cartas en el asunto y el propio David Mattingly fundó Endangered Archaeology,  iniciativa en la que los académicos revisan imágenes satelitales para documentar daños en más de 1,5 millones de sitios arqueológicos de todo el Medio Oriente. Usando este método descubrieron  la destrucción de tumbas del siglo X d.C. en el pueblo libio de Zuwila.

Además, Amr al-Azm y su grupo han financiado y entrenado a curadores de varios museos sirios, quienes han sellado mosaicos y alzado barricadas con sacos de arena para proteger las reliquias y desalentar a los ladrones. Iniciativas similares han surgido en Irak, donde investigadores locales están enseñándole a la población a usar el sistema de GPS de sus celulares para rastrear los daños causados por Isis.

“Hay objeciones prácticas para que Estados Unidos se involucre de forma más directa en la protección de la herencia islámica. Isis cree claramente que ganaría más apoyo si el mundo árabe ve que ese país asume el liderazgo.  Lo ideal sería que representantes de países de la zona coordinen una respuesta en representación de la humanidad y los millones de musulmanes que se preocupan por la destrucción de sus tesoros culturales”, afirma Mattingly. El experto agrega que el mundo islámico ha condenado los ataques con la misma vehemencia que Occidente: “Al publicitar sus crímenes de guerra de esta forma, los extremistas podrían estar socavando el apoyo potencial que tienen del mundo árabe”.

De hecho, Zainab Bahrani, profesora de arqueología del Medio Oriente en la Universidad de Columbia, agrega que muchos analistas evalúan de forma errónea las acciones de Isis. Para ella es incorrecto afirmar que la resurrección del Estado Islámico medieval que plantea Isis sea una mera reactivación de una barbarie centenaria. “Todos los que han leído sobre la historia de la zona saben, por ejemplo, que los califas del imperio Abbasid valoraban el conocimiento y traducían los textos griegos. Amaban las artes y promovían la arquitectura. Es totalmente falso decir que en la Edad Media se oponían a esas cosas”, dijo al portal.

 

Por Marcelo Córdova

Fuente: diario.latercera.com

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