Póster en español de Citizenfour

En enero de 2013, Laura Poitras comenzó a recibir correos electrónicos cifrados firmados por un tal “Citizenfour”, que le aseguraba tener pruebas de los programas de vigilancia ilegales dirigidos por la NSA en colaboración con otras agencias de inteligencia en todo el mundo. Cinco meses más tarde, junto con los periodistas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill voló a Hong Kong para el primero de muchos encuentros con un hombre anónimo que resultó ser Edward Snowden. Para sus encuentros, viajó siempre con una cámara. La película resultante es la historia que se desarrolla ante nuestros ojos en este documental.

El arquetipo del buen hombre que lucha contra el poder en favor del pueblo, cueste lo que cueste, siempre ha gustado en el mundo del cine.

Robin Hood, Julian Assange y ahora, Edward Snowden, ex trabajador de la CIA (Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos) que, un día, decidió filtrar a aguerridos periodistas información sobre las escuchas ilegales (y globales) de la Agencia, se convierten en héroes modernos.

‘Citizenfour’ narra, en clave documental (más plomiza que vibrante) las peripecias de Snowden y los Periodistas que las vivieron a su lado.

Aparte de su evidente interés como testimonio de esta realidad donde la privacidad es un chiste (muy poco nos sorprende de las distintas revelaciones que la película muestra durante el metraje) y el intervencionismo de los Gobiernos no tiene límites, el documental se presenta como un espectáculo vibrante ante la prensa… que nunca termina de arrancar ni convencer.

Para los neófitos del caso Snowden y la audiencia media, el exceso de información, la planicie narrativa y el obsesivo apego por mostrar las cosas como dicen que ocurrieron, sin ningún adorno que favorezca la atención del espectador, termina por aburrir incluso al cinéfago más entregado.

Snowden es un plomo sin carisma, en las antípodas de su chivato colega y ‘estrella del rock’ Julian Assange. Independientemente del juicio que hagamos de los actos del consultor tecnológico,  ’Citizenfour’ sólo contentará a los incondicionales del género, en su vertiente soporífera.

No hacía falta convertir al analista en Jesús Calleja ni James Bond pero, al menos, subir un poco las pulsaciones de la cinta, salvándola en el proceso del diagnóstico que la acompaña de principio a fin: clínicamente muerta.

Lo mejor: la basura que saca a la superficie.

Lo peor: ni tiene pulso, ni visos de reanimación.

 

Por Eduardo Bonafonte

Fuente: nochedecine.com

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