La Haya, la ciudad holandesa sede de la justicia internacional, se ha convertido también desde ayer en la capital digital del mundo con la celebración de la IV Conferencia Global sobre el Ciberespacio, en la que un total de 1.800 expertos, políticos y miembros de la sociedad civil de 100 países debaten cómo hacer compatibles la libertad, la seguridad y el aumento de las oportunidades digitales.

El ministro de Exteriores holandés, Bert Koenders, planteó el reto principal de las sociedades del siglo XXI: cómo hacer que Internet sea libre, abierto y seguro. “Libre, para que todo el mundo tenga acceso a Internet y las oportunidades sin precedentes que ofrece. Abierto, para que la información pueda fluir sin obstáculos entre los usuarios en un único ciberespacio, y seguro, porque los datos personales estén protegidos y la privacidad, salvaguardada”, detalló.

El ciberespacio es probablemente el recurso estratégico más importante de las naciones, tanto para aquellas cuya población no tiene acceso aún a la Red como para las más postindustriales. Y cada día se conocen nuevas amenazas al statu quo existente. Ni tan siquiera los hackers son ya los de antes: ya no espían, ahora destruyen.

Según coinciden los expertos reunidos en La Haya, los ciberdelincuentes han ido ampliando sus objetivos y apuntando cada vez más alto. Desde los números de las tarjetas de crédito a los historiales médicos, pasando por la petición de un jugoso rescate a cambio de desbloquear los archivos de un ordenador, el llamado ransomware, un tipo de delito que no ha dejado de subir en los últimos dos años.

Crecimiento.

El cibercrimen evoluciona más rápido que las medidas de seguridad que tratan de contrarrestarlo. Baste el dato de que el número de ataques sufridos por las grandes compañías aumentó un 40% el año pasado, según un informe de la empresa de seguridad en Internet Symantec.

“No parece haber soluciones claras”, admitió James Saunders, director de la Unidad contra el Cibercrimen del Reino Unido, que moderó uno de los seminarios de este encuentro.

“El sistema que tenemos no funciona y hay que ayudar no sólo a detener el ciberdelito, sino el ciberterrorismo, entre otras cuestiones”, apuntó Angela McKay, directora de Política y Estrategia de Ciberseguridad de Microsoft, víctima de varios ataques informáticos, el último en diciembre pasado tras el lanzamiento de la película La Entrevista, la polémica parodia contra el líder norcoreano Kim Jong-un.

Además de la falta de mecanismos de coordinación eficaces para luchar contra este fenómeno, también hay un proceso de profesionalización del hacker, menos ideologizado ahora y con una mentalidad más comercial, según los participantes en la conferencia. Los ciberdelincuentes digitales operan en un entorno de competencia entre ellos como si trabajasen en el más feroz mundo de los negocios. El sector público, el financiero y las grandes compañías, son sus principales objetivos.

Hasta ahora, la mayoría de los ataques no tienen como objetivo el robo de datos o de información en los teléfonos móviles, aseguran los expertos, un campo que aún no es el territorio favorito de los cibercriminales, pero que podría llegar a serlo con consecuencias insospechadas. Por ahora, la conclusión es que el cibercrimen está lejos de ser derrotado.

El súper robo de 100 bancos.

Uno de los casos más famosos de ciberdelito parece salido de una película de espías: a través de un programa que logró infiltrarse en la intranet de más de 100 bancos en todo el mundo, una organización criminal con ramificaciones en Rusia, China y Ucrania robó más de 878 millones de euros desde 2013, uno de los mayores robos de la historia, según Interpol.

CONTROL CHINO SOBRE LA RED.

Desde una muralla a un cañón.

La Gran Cibermuralla que el Partido Comunista Chino levantó para evitar cualquier tipo de contaminación ideológica de la población, ha reducido el ciberespacio del país a una intranet cada vez más aislada del mundo: las búsquedas no se hacen con Google, bloqueado paulatinamente desde que decidió dejar de censurar los resultados en 2010, sino con Baidu; Twitter y Facebook son inaccesibles, pero están las alternativas locales Weibo y Renren; lo mismo sucede con YouTube, que se convierte en Youku; WhatsApp funciona con intermitencias, pero WeChat lo hace perfectamente.

Esta Cibermuralla impide el acceso a páginas en las que el Gobierno considera que se almacena contenido inadecuado, desde periódicos de información general extranjeros hasta pornografía. Pero este sistema era meramente defensivo. Ahora, China ha desarrollado un sistema ofensivo que puede cambiar por completo el funcionamiento de la Red en el mundo: es el Gran Cañón.

Se trata de un arma que sirve para atacar a páginas web, independientemente de dónde estén alojadas, y lograr así que dejen de reflejar aquellas que incomodan al gobierno.

 

Fuente: elpais.com.uy

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