El Dr. Everard Meade considera clave el fortalecimiento de las organizaciones no gubernamentales

El Dr. Everard Meade diserta seminarios de paz, justicia y ciudadanía en diversas ciudades de México.

Culiacán, Sin.- Balaceras, ejecuciones o hasta la violencia doméstica como la ocurrida hacia una mujer en Navolato, sin una correcta procuración de justicia, aunado a la represión, desactivan la participación y generan apatía ciudadana en Sinaloa.

“La violencia rompe al ser y aísla a un individuo de su sociedad. Primero tenemos que romper el mito, que los sinaloenses no son más violentos que otra gente, esto como dato científico no existe”, señala el académico Everard Meade.

El también activista en derechos de inmigrantes en Estados Unidos considera que es posible pasar de la indignación a la acción mediante la construcción de un proceso de paz en el estado, partiendo del fortalecimiento de las organizaciones no gubernamentales y las universidades, así como el establecimiento de alianzas internacionales.

¿Quién es el enemigo? 
“En Sinaloa el trabajo de las ONG es aislado, y la fuerza de la sociedad civil viene de toda la red, el peso en la política pública viene de la totalidad de acciones de todos, pero si están aislados van a lograr cosas limitadas”.

Meade actualmente diserta una serie de seminarios para la Construcción de la Paz, Justicia y Ciudadanía, impulsado por la Universidad de San Diego en colaboración con la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Sinaloa, donde participan académicos, organismos de la sociedad civil y estudiantes.

El fin es que los organismos sean realmente contrapeso al poder gubernamental y trabajen en la construcción de campañas, políticas públicas o inclusive juicios ciudadanos, donde se busque una justicia redentora más que un castigo ejemplar que muchas veces no resuelve los problemas de fondo.

Opina que un reto para México en la construcción de la paz, a diferencia de la dictadura de la guerra sucia en Argentina, la dictadura de Pinochet en Chile o la Guerra Civil en Guatemala, es que no hay un enemigo común, pues las violaciones a los derechos humanos y la corrupción la ejercen tanto los narcotraficantes como los gobiernos municipales, estatales, federal o incluso el Ejército, dice Meade, mientras que también hay casos de criminales simulando ser parte del Estado.

“A veces el Estado colabora con el crimen organizado, el Estado es muy diverso, muy fragmentado en México, y por eso no tenemos un blanco, ¿quiénes son los buenos y malos actores?”.

Guerra en México. 
En Sinaloa, dice, es una ventaja conocer el origen del problema de violencia que se relaciona más con el crimen organizado; sin embargo, en otras ciudades como Tijuana hay menos homicidios, pero es más complejo focalizarlos, pues provienen de fuentes más diversas relacionadas a la desintegración familiar, la pobreza, desigualdad o marginación de migrantes.

“Hay posibilidades de trabajar en Sinaloa, pero esto no es posible en Tamaulipas por falta de apoyo del gobierno, instituciones públicas y falta de seguridad”, expresa el director del Insituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego. La ventaja, argumenta, es que a diferencia de otros países, en México existen  instituciones muy sólidas, como la Suprema Corte de Justicia o incluso las universidades públicas, por lo cual se vislumbran grandes oportunidades.

En México, la Universidad de San Diego ha impartido este tipo de seminarios de paz en zonas con diferentes problemáticas de violencia, como es el caso de Tijuana, Cuernavaca, Ciudad de México, Torreón y Acapulco, además de países como Kenia y Nepal.

En este sentido, señala que Guerrero, particularmente el Arzobispado de Acapulco, ha organizado a un grupo de obispos mexicanos para participar más en procesos de paz, lo cual puede ser una gran oportunidad, ya que la Iglesia Católica ha tenido éxito en negociaciones de paz como en Centroamérica; sin embargo, expone que es difícil, pues hacerlo es “admitir que en México sí hay violencia que llega al nivel de guerra, y eso políticamente es un poco difícil”.

 

Por Lucía Mimiaga

Fuente: debate.com.mx

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