Las autoridades del norteño estado de Chihuahua investigan el atentado contra Julián Leyzaola, el polémico ex jefe policial de dos de las ciudades fronterizas más violentas de México, Tijuana y Ciudad Juárez, y aunque detuvieron a los dos autores materiales del ataque todavía se desconocen los móviles del crimen.

El fiscal general de Chihuahua, Jorge González, explicó que se arrestó en flagrancia a dos hombres de 33 y 23 años a los pocos minutos del atentado, ocurrido el viernes en Ciudad Juárez. Posteriormente informó que ambos habían sido vinculados a una pandilla y que operaban como narcomenudistas, pero no ofreció más detalles sobre el móvil del ataque.

El periódico local Diario de Juárez reportó que los detenidos fueron contratados como sicarios pero que aseguraron no saber contra quién estaban atentando.

Leyzaola, que ahora se encuentra estable tras una cirugía por las lesiones ocasionadas por dos balazos, es un teniente coronel de Ejército famoso por su mano dura y que estuvo a cargo de las policías municipales —primero de Tijuana (2008-2010) y luego de Ciudad Juárez (2011 a 2013).

Su elección como jefe policial fue parte de una estrategia que utilizó el ex presidente Felipe Calderón de asignar a militares al frente de las corporaciones policiales para intensificar así su guerra contra los cárteles.

El problema es que aunque para algunos es un “pacificador”, pues llegó a ambas ciudades en sus puntos álgidos de violencia y se marchó con menores índices de homicidios en ambas, muchos detractores le denunciaron por constantes violaciones a los derechos humanos y multitud de casos de torturas.

Si bien nunca se le formularon cargos, Leyzaola enfrentó múltiples acusaciones de que él imponía o condonaba la tortura.

Por ejemplo, varios policías de Tijuana que fueron acusados a principios de 2009 de colaborar con los cárteles de la droga acusaron que Leyzaola u otros agentes los enviaron a una base militar donde fueron golpeados, al punto de casi asfixiarles, y sometidos a toques eléctricos en los genitales.

“Necesitamos medidas extremas para restablecer el orden”, argumentó en alguna ocasión cuando le acusaban de demasiada dureza.

La semana misma del atentado, el ombudsman mexicano pedía reabrir una investigación en la que seis policías bajo el mando de Leyzaola estuvieron presuntamente implicados en la tortura y ejecución extrajudicial de cuatro civiles, entre ellos una mujer y dos menores, y nunca se les procesó por este delito.

El teniente coronel tenía multitud de enemigos y habían atentado contra él en otras ocasiones. Durante sus mandatos, decenas de policías a su cargo fueron asesinados y otros muchos retirados de su cargo ya que él llevó a cabo tremendas purgas entre las policías locales, muy infiltradas por el crimen organizado, para sustituirlos por ex militares.

Gracias a su pasado en las fuerzas armadas, tuvo una gran comunicación con el ejército y durante su paso por Tijuana incluso dormía en una base militar del centro de la ciudad a veces después de pasarse la noche patrullando “a la caza” de criminales, como él mismo dijo.

En 2012, el cártel de Juárez le acusó de trabajar para los grupos contrarios a él —entonces el principal enemigo de esta organización era el cártel de Sinaloa— y llegaron a amenazar con matar a un policía cada día hasta que Leyzaola se marchara.

El pasado viernes, cuando paró en una casa de cambio y su esposa e hija bajaron, dos hombres le dispararon mientras él se encontraba esperando a su familia al volante de coche.

Actualmente tenía una empresa de seguridad privada y no llevaba protección especial.

“Déjame, ya me tocaba, aquí me quedo”, dijo Leyzaola cuando llegaron a atenderle tras los balazos, según reportó el Diario de Juárez. No fue así. El fiscal de Chihuahua informó el fin de semana que su vida ya estaba fuera de peligro.

Fuente: elnuevoherald.com
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