Tanto la Bolsa de Nueva York como la compañía United atribuyeron la suspensión de sus actividades a problemas técnicos pero muchos creen que fue un ataque de piratas informáticos

 Estados Unidos debe estar listo para una guerra cibernética

Otra semana, otra ola de alarma cibernética en Estados Unidos. El miércoles, tanto la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) como la compañía United Airlines suspendieron sus actividades durante varias horas debido a misteriosos problemas informáticos, a la vez que el sitio web del Wall Street Journal se cayó por poco tiempo. Los tres insistieron en que las fallas se debían a inconvenientes técnicos, no ataques maliciosos. Pero hay mucha gente nerviosa por los anteriores ataques contra poderosas empresas y agencias estadounidenses.
En febrero, la compañía de seguros Anthem reveló que unos piratas cibernéticos se habían robado la información de 80 millones de clientes. La Oficina de Administración de Personal de Washington informó que había sufrido el hurto de datos de millones de empleados federales. Empresas que van desde cadenas de venta minorista hasta bancos también han sido blanco de ataques cibernéticos.
La Universidad de Cambridge y el grupo de seguros Lloyds dieron a conocer un informe que sugiere que si un asalto cibernético penetrara la red eléctrica norteamericana podría ocasionar años por u$s 1 billón. Unos minutos más tarde, James Comey, el director del FBI, contó al Congreso que está luchando para descifrar las herramientas criptográficas utilizadas por los yihadistas. En mayo, Comey declaró que los terroristas islámicos estaban “descubriendo” la idea de usar el software maligno para atacar infraestructura crítica. El panorama es aterrador.

Los inversores, los políticos y los votantes deben reflexionar no sólo sobre quién podría ser el próximo objetivo, sino si Washington cuenta ya con un sistema adecuado para manejar estos ataques. Es casi seguro que la respuesta sea que no. En teoría, no hay escasez de recursos; a principios de este año, por ejemplo, el presidente Barack Obama destinó u$s 14.000 millones a la lucha cibernética. Pero en la actualidad el problema clave no es tanto la falta de dinero, sino la poca coordinación: mientras el miedo se extiende, una confusa variedad de acrónimos de diferentes agencias y grupos de trabajo está incorporándose a la “batalla cibernética”, a menudo con poca colaboración. La institución que supuestamente se ocupa de las amenazas de seguridad es el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés). Pero los funcionarios militares lo miran con escepticismo. El Pentágono tiene sus propios “guerreros cibernéticos”, al igual que las agencias de inteligencia de EE.UU.
La Casa Blanca ha tratado de obligar a estas entidades a trabajar conjuntamente. Por otro lado, algunas agencias civiles como la Comisión Reguladora Nuclear comenzaron reunirse entre ellas, también en torno a temas cibernéticos. Pero la colaboración entre sectores es irregular. Si a esto se agregan organismos del sector privado, el panorama es aún peor: el Pentágono no sólo desconfía del intercambio de datos con, por ejemplo, la Cámara de Comercio, sino que además las empresas a menudo tienen terror de revelarse entre sí los ataques.
¿Existe una solución? Una respuesta sensata podría ser la creación de una nueva agencia con enfoque central puesto en la lucha cibernética. Existe un precedente para eso; la mayoría de los organismos reguladores de Washington surgieron en respuesta a una amenaza nueva. La Comisión de Bolsa y Valores, por ejemplo, fue creada después de la crisis del mercado de valores de 1929; la Administración de Alimentos y Medicamentos surgió después de escándalos relacionados con medicamentos peligrosos. Una segunda opción sería la de relanzar el DHS para concentrarse en la lucha cibernética. Podría llamarse, por ejemplo, Departamento de Seguridad Cibernética y Nacional.
De cualquier manera, Washington tiene que responder a la pregunta que Henry Kissinger hiciera en una ocasión en relación con Europa: en una crisis, “¿a quién llamo?”.

 

Por Gillian Tett

Fuente: cronista.com

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