Con casi veinte años de activismo social, Susana Fernández Garrido le puso cuerpo y alma a causas nobles desparramadas por todo el mundo y realmente no descansa. Hasta en su propia casa convive con ese oxígeno de equidad social porque comparte los mismos valores con su marido, hoy directivo de Greenpeace en Brasil, con quien tiene tres hijos. Directora para Latinoamérica de Change.Org, la plataforma de peticiones y cambio social más grande del mundo, celebra haber llegado a los cien millones de usuarios, de los cuales dos millones y medio son argentinos. Precisamente nuestro país es el que más “victorias” u objetivos logrados consiguió si se toma en cuenta la proporción de “ciberactivistas” que hay. Ella denominará en adelante “conspiradores ciudadanos positivos” a todos aquellos que buscan un cambio a través de plataformas o espacios como los que propone. Después de casi tres años en Buenos Aires, de la que se enamoró, hoy trabaja en San Pablo.

¿Qué es el “ciberactivismo”?

No es una manera diferente de actuar en relación a otras. Las campañas siguen siendo las mismas sólo que se llega a muchísimas más personas que cuando yo estaba en Amnistía Internacional, por ejemplo. Y ya no hace falta tener la infraestructura de una organización, cualquier persona puede iniciar una movilización, convertirse en un líder social, convencer a otros y recoger firmas para llegar a la persona que puede tomar la decisión. Es lo mismo que se hacía antes pero con todo lo que te brinda Internet. Se pueden generar cambios sociales desde la propia casa.

¿El éxito del activismo a través de acciones en las redes sociales confirma que hay menos movilización social en las calles?
No creo que sustituya nada, viene a sumar. Una protesta en la calle es un grito. Es como si creyéramos que el mp3 sustituye un concierto y no es así. La vibración de cuando uno se indigna y sale a la calle o los que hacen cacerolazos, son manifestaciones para canalizar la crispación. Esto es mucho más que un libro de quejas. Pero no sustituye una manifestación ni la representación democrática. El ciberactivismo, hay que decirlo, no es eficaz para luchar contra la corrupción, el hambre, cambios trascendentales en la política pero sí en otro tipo de temáticas más concretas. Cuando trabajaba en Amnistía, a mis compañeras abogadas siempre les decía lo mismo: no me hablen de la tortura sino de un torturado. Ponemos primero la historia de alguien que huye de algo. Ayudamos a entender que la empatía es lo que mejor funciona. Por una petición online vas a conseguir un semáforo, una ley de diabetes como pasó en Argentina pero probablemente no vas a conseguir un cambio de cultura.

¿Ustedes buscan “enrolar” gente, inspirar a otros para que vayan por las mismas búsquedas y sueños?
Lo que hacemos me gusta llamarlo “Conspiración ciudadana positiva” o “apoderamiento ciudadano”. Si todos piensan que los ciudadanos tienen que tomar decisiones, podemos hacer campañas de movilización. Una buena campaña siempre tiene que empezar pensando que la persona que tiene que tomar la decisión, de quien depende la solución, la tome. Cuando llegué a la Argentina y vi el grado de insatisfacción, frustración, me dije que si todo esto se canaliza por lo propositivo, va a funcionar. Lo que hacemos es una plataforma de propuestas de cambio y eso ya te coloca en otra posición. Denunciar o quejarte es una cuestión pero proponer algo positivo es ya otra cosa.

 

¿Además de una causa noble para empatizar y lograr más firmas, en definitiva a la gente le gusta escuchar buenas historias?
La cuestión es, primero, el arte de contar la historia. Luego hay que convencer a los demás para que se unan a la petición. La clave es proponer algo concreto, si no no es fácil de ganar. Y por último hay que determinar quién es el responsable de brindar la solución. Nos interesa que todos entiendan el modelo, aprender a relacionarte con el poder, cómo cada ciudadano puede tener fuerza. Nosotros no le hablamos sólo a activistas o gente con mucha conciencia social, porque creemos que cualquier persona tiene esa capacidad para generar esos cambios.
¿Qué petición le llamó más la atención en la Argentina?
Este año en Argentina, varias peticiones ya consiguieron un gran eco en la opinión pública como el petitorio que pedía juicio político de los jueces Piombo y Sal Llargués, tras justificar la baja de condena a quien abusó sexualmente de un menor de 6 años. Pero la que pensábamos que íbamos a necesitar muchas firmas era la de un joven que quería ir a las Malvinas y la AFIP le quería cobrar el 35% como si fuera un destino fuera del país. En seguida este reclamo llegó al gobierno y la narrativa era tan clara que de inmediato levantaron la medida. Sólo se consiguió con muy pocas firmas, fue todo muy rápido. Evidentemente el tema tocaba la línea de flotación argumentada por el gobierno, que la levantaron en un segundo.

 

 

Señas particulares

Susana Fernández Garrido
Licenciada en Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Es española y Directora para Latinoamérica de Change.org. Fue Responsable de campañas y movilización social para Amnistía Internacional en España y Directora de movilización social en Médicos del Mundo. Es coguionista del documental “Chicas nuevas 24 horas”, sobre el negocio del sexo en Hispanoamérica, de próximo estreno.

Fuente: clarin.com

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