“Es el arma de David contra un Goliat que es cada vez más fuerte, un acto de desobediencia civil”, explica el hacker y activista francés, que advierte del peligro de fallar en la defensa de la neutralidad de la red

Jérémie Zimmermann, es una de esas personas tremendamente respetadas en un pequeño círculo de ciudadanos, pero un gran desconocido para gran parte del público, especialmente en España. Es un hacktivista. No un criminal, el perfil de hacker que utilizan los medios de comunicación habitualmente, sino en el sentido primario del término: un apasionado de la tecnología y de la libertad ésta que es capaz de otorgar, que ha dado un paso adelante en la defensa de los derechos digitales de los ciudadanos. Este fin de semana está en Barcelona para participar en el Free Culture Forum.

Amigo personal de Julian Assange, colaboró en la fundación de La Quadrature du Net, una de las organizaciones pioneras en la defensa de la libre circulación del conocimiento en la red, privacidad digital y libertad de expresión. En 2012 fue premiado por la Electronic Frontier Foundation por su trabajo para tumbar ACTA a nivel europeo, un tratado internacional en materia de propiedad intelectual que pretendía cercenar muchas de las libertades digitales de los ciudadanos en favor de los intereses de las grandes empresas. Estaba impulsado por EEUU y, en la práctica, era un antecesor a pequeña escala del TTIP.

Pero los desafíos son cada vez mayores. Si ACTA evolucionó en TTIP, la amenaza a los derechos fundamentales en red tampoco se ha quedado en las legislaciones de propiedad intelectual. Ahora el peligro es perder la neutralidad de la red, el principio que hace que todos los usuarios y tipos de tráfico sean tratados de la misma forma. Este martes el Parlamento Europeo renunció a garantizarla a nivel comunitario a pesar de la campaña de presión ciudadana. Para Zimmemann, este revés no debe ser sino una motivación más para seguir defendiéndola, y así lo defenderá en el Forum, cuya octava edición se centrará en la defensa de los whistleblowers (filtradores de información).

El martes Parlamento Europeo aprobó la regulación del Mercado Único Digital, que finalmente no incluye el concepto de neutralidad de la red. ¿Ha sido un gran revés?

No es una legislación propiamente dicha, sino un marco al que luego deben adaptarse los Estados miembros. No hemos conseguido el objetivo, pero eso no significa que el trabajo haya sido en balde. Es un texto muy potente contra la vigilancia masiva, pero no es lo suficientemente fuerte en favor de la neutralidad de la red. En la primera versión del texto, el Parlamento la defendía plenamente pero decidió dar marcha atrás, presionado por el Consejo. Eso significa que los eurodiputados sabían que era necesario. Es una pequeña victoria para todos nosotros. No al 100%, pero podemos estar orgullosos del trabajo que hemos realizado.

El hecho de que el Parlamento terminara votando algo tan débil significa que debemos emplear aún más recursos en el futuro para defender la neutralidad de la red. Y deberá ser más allá del Parlamento Europeo. Tenemos que atacar las prácticas de discriminación de las telecomunicaciones ante los reguladores nacionales, ante las cortes de justicia si es necesario, pero lo que es más importante, ante la opinión pública: podemos esperar indefinidamente a que la Comisión Europea o el Parlamento decidan posicionarse en favor de la neutralidad de la red, pero nada es más efectivo que señalar a las teleoperadoras que actúan contra ella.

Jérémie Zimmermann, es una de esas personas tremendamente respetadas en un pequeño círculo de ciudadanos, pero un gran desconocido para gran parte del público, especialmente en España. Es un hacktivista. No un criminal, el perfil de hacker que utilizan los medios de comunicación habitualmente, sino en el sentido primario del término: un apasionado de la tecnología y de la libertad ésta que es capaz de otorgar, que ha dado un paso adelante en la defensa de los derechos digitales de los ciudadanos. Este fin de semana está en Barcelona para participar en el Free Culture Forum.

Amigo personal de Julian Assange, colaboró en la fundación de La Quadrature du Net, una de las organizaciones pioneras en la defensa de la libre circulación del conocimiento en la red, privacidad digital y libertad de expresión. En 2012 fue premiado por la Electronic Frontier Foundation por su trabajo para tumbar ACTA a nivel europeo, un tratado internacional en materia de propiedad intelectual que pretendía cercenar muchas de las libertades digitales de los ciudadanos en favor de los intereses de las grandes empresas. Estaba impulsado por EEUU y, en la práctica, era un antecesor a pequeña escala del TTIP.

Pero los desafíos son cada vez mayores. Si ACTA evolucionó en TTIP, la amenaza a los derechos fundamentales en red tampoco se ha quedado en las legislaciones de propiedad intelectual. Ahora el peligro es perder la neutralidad de la red, el principio que hace que todos los usuarios y tipos de tráfico sean tratados de la misma forma. Este martes el Parlamento Europeo renunció a garantizarla a nivel comunitario a pesar de la campaña de presión ciudadana. Para Zimmemann, este revés no debe ser sino una motivación más para seguir defendiéndola, y así lo defenderá en el Forum, cuya octava edición se centrará en la defensa de los whistleblowers (filtradores de información).

El martes Parlamento Europeo aprobó la regulación del Mercado Único Digital, que finalmente no incluye el concepto de neutralidad de la red. ¿Ha sido un gran revés?

No es una legislación propiamente dicha, sino un marco al que luego deben adaptarse los Estados miembros. No hemos conseguido el objetivo, pero eso no significa que el trabajo haya sido en balde. Es un texto muy potente contra la vigilancia masiva, pero no es lo suficientemente fuerte en favor de la neutralidad de la red. En la primera versión del texto, el Parlamento la defendía plenamente pero decidió dar marcha atrás, presionado por el Consejo. Eso significa que los eurodiputados sabían que era necesario. Es una pequeña victoria para todos nosotros. No al 100%, pero podemos estar orgullosos del trabajo que hemos realizado.

El hecho de que el Parlamento terminara votando algo tan débil significa que debemos emplear aún más recursos en el futuro para defender la neutralidad de la red. Y deberá ser más allá del Parlamento Europeo. Tenemos que atacar las prácticas de discriminación de las telecomunicaciones ante los reguladores nacionales, ante las cortes de justicia si es necesario, pero lo que es más importante, ante la opinión pública: podemos esperar indefinidamente a que la Comisión Europea o el Parlamento decidan posicionarse en favor de la neutralidad de la red, pero nada es más efectivo que señalar a las teleoperadoras que actúan contra ella.

Lo que estamos viendo en todo el mundo es un ataque contra los whistleblowers. Está el caso de Chelsea Manning, condenada a más de 30 años, el caso de Edward Snowden, exiliado en Rusia y tratado como un espía, el caso de Julian Assange, que lleva más de tres años sin poder salir de la embajada de Ecuador en Londres, y en cuyo cerco policial el Reino Unido está violando los principios más fundamentales, como el de asistencia médica. Barret Brown, Jeremmie Hammon, y seguramente muchos otros de los que nunca hemos oído hablar. Todos esos casos apuntan a que los Gobiernos temen a los whistleblowers, sienten que están amenazados. Creo que es una prueba de que es exactamente una de las armas más poderosas que tenemos en nuestras manos para conseguir más justicia y equidad en este mundo, especialmente cuando las instituciones democráticas fallan.

Filtrar información es el arma que los débiles tenemos cuando vemos que los poderosos están siendo injustos, o están cometiendo ilegalidades, o simplemente están mintiendo a la gente. Es el arma de David contra un Goliat que es cada vez más fuerte. Es un acto de desobediencia civil al decir sí, estoy violando la ley al publicar estos documentos, o al dárselos a este periodista. Pero es por un bien mayor: es por el interés de la sociedad. Cuando la democracia falla, lo que le queda a la gente es el whistleblowing. Cuanto más injusta sea una ley, cuanto oscuro haya sido su proceso de redacción y cuanto más corrupta sea la institución que la elabora, más forzados están los ciudadanos a filtrar información. Es la única arma que nos queda para pelear contra ello. El whistleblowing es parte de la solución, pero también es un síntoma de que algo no va bien en la democracia: Es la constatación del hecho de que se producen crímenes que quedan ocultos y de que no existen los métodos legales para luchar contra ellos.

La defensa de la neutralidad de la red y de los filtradores son dos de las principales áreas del hacktivismo, pero no son las únicos. ¿Cuál más destacarías?

Para mí uno de los puntos más críticos es la cuestión de la vigilancia masiva. Lo que Snowden reveló dibuja un mundo que es mucho peor que el peor escenario que podíamos imaginar. Peor que los avisos más extremos que realizaban los activistas. Es tan irrealista y completamente paranoico que la realidad ha dejado atrás a la ficción sobre en lo que la tecnología podía convertirse.

Y eso es lo más grave. Ya no se trata de la vigilancia de la NSA o de la recopilación de datos de todos nosotros que hace Google. La realidad es que vivimos en un mundo en el que la tecnología se ha vuelto contra nosotros. Se ha convertido en un enemigo de la gente. Lo que Snowden reveló es que en los últimos años los Gobiernos y las empresas tecnológicas se han puesto de acuerdo para convertir la tecnología en una herramienta de control, saboteando el hardware y el software, cambiando su cara. Ya no poseemos la tecnología.

Estamos en un mundo en el que la gente muere por los datos que deja detrás. En Irán y Pakistán la Policía ha arrestado a gente que ha convocado manifestaciones por Internet, que ha expresado quejas contra el Gobierno, aprovechando los agujeros del software que dejan las empresas. La gente ya no controla la tecnología que utiliza, y si no la controlamos, ella nos controlará a nosotros.

¿Cómo se puede dar la vuelta a esta situación?

Necesitamos una estrategia global. Necesitamos que gente de varias partes del mundo se ponga de acuerdo en cómo combatir esta situación, por eso es tan importante el Free Culture Forum. Tenemos que diseñar una estrategia para retomar el control sobre la tecnología. Y esto solo podrá hacerse potenciando el uso de software y hardware libre, descentralizando las comunicaciones y controlando la infraestructura que las soporta.

Hay varias vías para conseguir esto. Una es la política, lo que estamos intentando hacer en el Parlamento Europeo, pero otra es la cultural. Tenemos que intentar convencer a todo el mundo acerca de cómo de crítica es esta cuestión para el futuro de la humanidad. Se trata de esclavitud, si no cambiamos el curso de las cosas, terminaremos siendo esclavizados por la tecnología.

 

Por Jérémie Zimmermann

Fuente: correodelorinoco.gov.ve

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