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Los creadores de las máquinas de inteligencia artificial son a menudo representados en la ficción popular como el miope doctor Frankenstein que ignora haber desencadenado y soltado por el mundo tecnologías apocalípticas. En la vida real, estos científicos suelen desesperar ante las grandes preguntas: el bien contra el mal y el impacto que la venidera ola de robots y cerebros mecánicos tendrá en los trabajadores humanos.

Los científicos, quienes reconocen que sus trabajos están saliendo de los laboratorios de investigación al mundo real, lidiaron durante una cumbre de un día el 10 de diciembre en Montreal con temas éticos como la forma de prevenir que aquellos ordenadores más inteligentes que los humanos dejen a la gente sin empleo, añadan complicaciones a los procedimientos legales o, aún peor, busquen hacerle daño a la sociedad. La inteligencia artificial de hoy puede aprender a jugar videojuegos, ayudar a responder correos automáticos y conducir coches en ciertas circunstancias. Eso ya ha provocado preocupaciones en cuanto a su impacto sobre los trabajadores.

“Creo que el más grande desafío es el desafío del empleo”, dijo Andrew Ng, jefe científico del motor de búsqueda chino Baidu Inc., que ha anunciado la semana pasada que uno de sus coches se había conducido solo por una ruta de 30 kilómetros en Pekín sin la intervención humana. La velocidad a la que los avances en inteligencia artificial pueden cambiar los lugares de trabajo significa que “un gran número de personas en sus 20 y 40 y 50 años de edad” necesitarían ser readaptadas de un modo en que nunca antes había ocurrido, dijo.

Abogados y vigiladores “No hay duda de que en la actualidad hay unos tipos de empleos que pueden ser automatizados y antes no podían serlo”, dijo Erik Brynjolfsson, economista en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, al citar a trabajadores tales como abogados junior encargados de investigaciones por Internet o personas manejan los pasillos de salida en los supermercados con autopago.

“Uno espera que haya algunos nuevos empleos requeridos en esta economía”, dijo. “Los emprendedores y los gerentes no han sido tan creativos en inventar nuevos empleos como lo han sido al automatizar algunos empleos existentes”.

Yann LeCun, director de inteligencia artificial de Facebook, no está así de preocupado, diciendo que la sociedad se ha adaptado al cambio en el pasado. “Es otro nivel en el progreso de la tecnología”, dijo LeCun. “No será fácil, pero tendremos que lidiar con ello”.

Hay otros potenciales dilemas, como la forma en que el panorama legal cambiará cuando la inteligencia artificial comience a tomar decisiones más independientes de los operadores humanos. “Podría ser muy difícil en algunos casos traer un algoritmo a la palestra en el contexto de un procedimiento legal”, dijo Ian Kerr, presidente de investigaciones sobre Ética, Derecho y Tecnología de la Facultad de Derecho en la Universidad de Ottawa, Canadá. “Creo que podría ser un desafío tremendo”.

Otros ven más allá, tratando de analizar los efectos de que la inteligencia artificial supere las capacidades humanas. El año pasado Google adquirió DeepMind, una compañía de inteligencia artificial que se enfoca en la investigación fundamental con la meta de desarrollar máquinas más inteligentes que las personas. Demis Hassabis, uno de los fundadores de la compañía, lo describió como el programa Apolo para la creación de la inteligencia artificial.

“No quiero afirmar que sabemos cuándo lo haremos”, dijo Shane Legg, otro fundador de la compañía. “Estar preparado antes es mejor que prepararse después.

Mientras tanto, los científicos creen que la posibilidad de que una súper inteligencia maliciosa pueda ser desarrollada es pequeña. Pero Legg y otros han emprendido el estudio de sus efectos potenciales a causa de la profunda amenaza que podría suponer.

 

Fuente: diariobae.com

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