La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU interceptó conversaciones confidenciales entre altos funcionarios israelíes y congresistas estadounidenses, según consigna la revista The Wall Street Journal, la cual tomó como fuentes a autoridades estadounidenses.

Según la publicación, la Casa Blanca creía que la información interceptada podía ser valiosa para hacer frente a la campaña del primer Ministro de Israel, Binyamin Netanyahu contra el acuerdo sobre el programa nuclear iraní.

Hace dos años el presidente de EEUU, Barack Obama había prometido acabar con las escuchas a aliados.

De acuerdo con el reporte, la Casa Blanca ordenó a la NSA espiar a Netanyahu sobre su asertiva campaña contra el pacto nuclear con Irán, creyendo que la información ayudaría a frustrar los esfuerzos del primer ministro para desbaratar los acuerdos de la Casa Blanca con el régimen de los ayatollahs.

El Wall Street Journal entrevistó a más de una decena de antiguos y actuales funcionarios norteamericanos de la NSA sobre el asunto.

La NSA escuchaba las comunicaciones de Netanyahu con sus ayudantes, lo que según el periódico, incrementó aún más la desconfianza entre ambos gobiernos, así como las conversaciones privadas que líderes y funcionarios israelíes mantuvieron con legisladores judíos estadounidenses, aumentando el temor de que la Casa Blanca sea acusada de espiar al Congreso.

Para impedir dejar prueba documentales, que podrían tener graves ramificaciones políticas, si fuesen descubiertas; la Casa Blanca dejó a la NSA la decisión de que información compartir y que información mantener.

“Nosotros no dijimos que ‘lo hagan’, y ni dijimos que ‘no lo hagan’”, expresó un funcionario estadounidense.

Las intercepciones de la NSA revelaron que Israel espiaba las negociaciones nucleares, usando información que recolectaba de los detalles filtrados de las conversaciones en un intento por desbaratar el acuerdo. Luego, Israel negó las acusaciones, diciendo que la información sobre las conversaciones había sido obtenida espiando solamente a los iraníes.

Además, la NSA recogió que Netanyahu y otros funcionarios israelíes usaron esa información para instruir a grupos judíos norteamericanos y para establecer que se precisaría hacer para ganar los votos de los legisladores estadounidenses contra el acuerdo.

Al principio, la Administración Obama estaba preocupada de un posible ataque israelí contra las instalaciones nucleares iraníes -sin decirle a la Casa Blanca-; mientras Washington estaba tratando de mantener conversaciones secretas con Teherán. Sin embargo, el espionaje sobre Israel continuó, incluso después de que la NSA determinara, en 2013, que Netanyahu no iba a atacar a Irán.

Todo esto fue hecho después, y a pesar, de la promesa de Obama de parar las escuchas a los jefes de Estado de los países amigos, tras la ola de indignación por el espionaje de Estados Unidos a la canciller alemana Angela Merkel, hace dos años.

La Administración Obama hizo una lista de jefes de Estado que estarían “protegidos” del espionaje de la NSA, como Merkel y el presidente de Francia, Francois Hollande, pero siguieron espiando a sus altos asesores.

Fuera de esa lista estaban el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y por su puesto Netanyahu.

El periódico expresó que el espionaje sobre el primer ministro israelí estaba justificado por “convincentes motivos de seguridad nacional”.

“¿Quedarnos en la oscuridad sobre Bibi? Por supuesto que no haríamos eso”, expresó un funcionario estadounidense al periódico.

Michel Hayden, quien dirigió la NSA y la CIA durante el mandato de George W. Bush describió la relación de inteligencia de EE.UU. e Israel como “la mezcla más inflamable de intimidad y cautela que tenemos”, al describir al periódico la cooperación y el espionaje mutuo entre las agencias de inteligencia de ambos países.

 

Fuente: radiojai.com.ar

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