Assange cumplió un papel importante en la historia moderna, sirvió para evidenciar que el talento humano y la necesidad de crecer están por encima de la represión

Existió un tiempo en el que lo moderno y lo antiguo en los diferentes países se definía con base en el número de funcionarios que, egresando de escuelas como Stanford y Harvard, formaban parte de los gobiernos.

Pero ahora para medir lo moderno ya no es necesario tomar en cuenta la cantidad de títulos académicos colgados en las paredes de las dependencias gubernamentales, ya que actualmente el hecho de llegar a un despacho y ser despojado de tu celular por motivos de seguridad es clara muestra de que ahí te estará esperando un dirigente moderno.

Y es que, toda esa paranoia inició con el síndrome que desató Julian Assange, quien fue muy hábil para demostrar por qué hacer cosas que están mal se convierten automáticamente en positivas al ejecutarse en nombre del bien.

Pero el problema no fue que Assange comprendiera antes que los demás que hoy ya no existen los secretos y que ya no basta con tener control en las redes sociales de cada uno de nosotros para que nos crucifiquemos solos. Sino que se dio cuenta de que la gente que era infeliz, inadaptada y que trabajaba para el Estado —en este caso el de Estados Unidos— podría hacer una recopilación de pecados públicos y privados, guardarlos en una USB y transmitirlos.

Así fue como lo hizo el soldado Bradley Manning al robar información y filtrar documentos secretos del gobierno estadounidense y hacerlo llegar a manos de Assange.

Además nadie sabíamos que Manning se dedicó a ventanear y exhibir los mayores secretos de EE.UU. porque también quería manifestar sus deseos de convertirse en mujer. Y es que, fue convencido por un cautivador profesional como lo es Julian Assange para que a cambio de información clasificada recibiera un importante respaldo en sus intenciones de ser una chica.

A partir de ahí lo que demostró WikiLeaks y Assange es lo único que no pueden perdonar los Estados, es decir, que la vida sea más rápida que sus medidas de protección. Poniendo en evidencia que todos somos esclavos de nuestro mail y nuestro Facebook, y que en el mundo moderno hay que partir del principio de que todo lo que uno hace y dice, eventualmente se va a saber.

Assange cumplió un papel importante en la historia moderna, sirvió para evidenciar que el talento humano y la necesidad de crecer están por encima de la represión, aunque desafortunadamente después se pierda todo valor objetivo.

Ahora el ciudadano Assange, deja una vez más de manifiesto que es posible hacer volar por los aires millones y millones de dólares destinados a proteger los secretos del imperio más grande que jamás haya conocido el planeta Tierra.

 

Por Antonio Navalón

Fuente: reporteindigo.com

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