El baño de sangre que Omar Mateen perpetró en el club Pulse de Orlando y las cuchilladas de Larossi Abballa que segaron la vida de un policía francés y su cónyuge en los alrededores de París han suscitado interrogantes sobre la verdadera e inquietante conexión de ambos ataques con el autodenominado Estado Islámico (IS, por sus siglas en inglés). En los dos casos, la reivindicación en la que el IS trató de apropiarse de las embestidas fue publicada por su agencia de noticias afín, Al Amaq, con dos relevantes coincidencias. El escueto comunicado, distribuido a través de su canal en la red social Telegram, contenía la misma fórmula de informar citando a una fuente indeterminada en un intento de marcar cierta distancia y se refería a Omar y Larossi -los autores de sendos atentados- con la etiqueta de muqatil (combatiente, en árabe) de la organización yihadista que proclamó en 2014 un califato a caballo de Siria e Irak.

La definición no resulta baladí. El IS empleó, en cambio, el término junud(soldados) para referirse a los responsables de las carnicerías de París y Bruselas. La mayoría de aquellos secuaces había pasado por los campos de entrenamiento del grupo en suelo sirio y había retornado a Europa esquivando la vigilancia de las agencias de inteligencia. El pasado diciembre, cuando una pareja abrió fuego en una fiesta en la ciudad californiana de San Bernardino, el IS -al que habían jurado lealtad previamente- los acogió como simples munasiran (seguidores). La variedad en la catalogación proporciona la primera pista para trazar las diferencias entre los ataques dirigidos directamente por el grupo y aquellos inspirados en su ideario. “Que el ataque de Orlando parezca más producto de la inspiración es significativo. Lo contrario implicaría la existencia de células organizadas del IS en EEUU que estarían en contacto con los escalones superiores del grupo”, relata a EL MUNDO Charlie Winter, experto en yihadismo de la estadounidense Universidad Estatal de Georgia.

Los atentados bajo influencia indirecta del IS -cometidos por los mal llamados “lobos solitarios”- plagian escenas de los batallones yihadistas que han logrado desplegar sus tentáculos por Francia o Bélgica. “De manera superficial el tiroteo de Orlando se asemeja a los llevados a cabo por militantes del IS en París y Bruselas. Son ataques contra objetivos civiles blandos donde la seguridad es mínima y en ocasiones siguen una secuencia exacta entre sí”, explica a este diario el analista Omar al Dulimi. “Uno no puede dejar de reconocer -agrega- que Omar modeló su ataque inspirado en el de la sala de conciertos Bataclan. Sin embargo, a partir de ahí, el de Orlando no puede ser considerado un ataque directo del IS”. La clave para descartar la implicación de la cúpula del califato es precisamente la aparición de razones estrictamente personales en la elección del blanco, como sucede en los zarpazos de San Bernardino -contra el lugar de trabajo de uno de los atacantes-, Orlando y París. “Omar empleó la marca del IS para justificar sus propios motivos personales homofóbicos”, admite Al Dulimi. Las últimas pesquisas acerca de su compleja biografía, que apuntan a su condición homosexual y le describen como un cliente habitual del club Pulse, subrayan este extremo. El escenario de la matanza, no obstante, recuerda el atroz destino que sufren los homosexuales en los confines del califato, donde son lanzados desde las azoteas o protagonizan lapidaciones públicas.

No era una amenaza inminente

“Comparado con el de Orlando, el ataque de París no fue tan bien organizado pero es cierto que guardan muchas similitudes. En ambos casos son personas que habían sido seguidas previamente por las agencias de seguridad. Larossi había servido pena de cárcel y había estado bajo vigilancia. Omar también había estado en el radar. Sin embargo, se consideró que ninguno de los dos representaba una amenaza inminente”, detalla a este diario Veryan Khan, directora editorial de TRAC (Consorcio de análisis e investigación en terrorismo, por sus siglas en inglés), que rastrea los mensajes y los movimientos del IS. Tantas son las semejanzas que incluso calcaron su manifestación de pleitesía al autoproclamado califa Abu Bakr al Bagdadi. La efectuaron poco antes de perpetrar sus crímenes. Omar dejó grabada su lealtad en una llamada al 911 -el número de emergencia- mientras Larossi se rindió al grupo terrorista hace tan solo tres semanas. “Los responsables de las masacres de París y Bruselas no publicaron su juramento antes de sus operaciones pues ya lo habían hecho durante su entrenamiento en Siria e Irak. El tardío compromiso de Omar es una señal más de que el IS no estaba al tanto de sus planes. También delata la ausencia de coordinación con el grupo la falta de sofisticación”, precisa Al Dulimi.

“Los ataques de Orlando y Francia -añade- son muy similares. No parece que el atentado de París fuera facilitado por el IS. Larossi seleccionó su propio objetivo en lugar de uno proporcionado por el grupo”. El lazo que les une al IS es que ambos acudieron a la llamada lanzada hace tres semanas por su portavoz oficial, Abu Mohamed al Adnani. El 22 de mayo el vocero de la organización yihadista se dirigió a los simpatizantes radicados en Occidente que no pueden cumplir con la hégira, la emigración al califato. En la alocución, de 31 minutos de duración, instó a sus cachorros a firmar embestidas durante el mes sagrado de Ramadán, que arrancó la semana pasada. “Incluso la acción más pequeña que puedas cometer en el corazón de su tierra es más preciada que el mayor de nuestros ataques”, clamó tras advertir que en suelo occidental “no hay que preservar la sangre ni existe nada llamado inocentes” y precisar que cualquier método -piedra, cuchillo, atropello, veneno o estrangulación- sería bienvenido. “Atacar a los que llaman civiles es lo mejor y más útil”, apostilló.

A pesar de las amplias analogías, subyacen particularidades que agravan la amenaza. “El tiroteo de Orlando pone en evidencia el problema de que los simpatizantes del IS en EEUU puedan efectuar estos ataques con bastante facilidad debido al acceso a armas de fuego“, indica el analista Ayman al Tamimi. “Lo que resulta más inquietante es la habilidad del IS para propagar un ambiente de crisis y miedo incluso antes de hacer pública la reivindicación”, confiesa Khan. Y Al Dulimi alerta: “La tendencia que marcan Orlando y París resulta muy preocupante. En los últimos meses el IS ha perdido terreno en Irak, Siria y Libia y está poniendo énfasis en ataques de este estilo alrededor de todo el mundo, muy difíciles de contrarrestar por los gobiernos occidentales. Es evidente que en el exterior el IS prefiere proporcionar motivación y justificación antes que dirección o asesoramiento”.

 

Fuente: elmundo.es