El canciller de Ecuador rechaza la “tradición injerencista que polariza y genera susceptibilidades” en el continente. Long, de visita en España, afirma que “la izquierda latinoamericana está fuerte y ha demostrado que puede ejercer el poder” .

 

MADRID.- Tiene pinta de galán de telenovela, vozarrón de locutor radiofónico y maneras de lord. Parisino, de nacionalidad británica y cédula ecuatoriana, Guillaume Long (París, 1977) emigró a Ecuador para dedicarse a la docencia en la prestigiosa FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) hasta que Rafael Correa se cruzó en su vida.

No había cumplido los 30 cuando el presidente lo convirtió en su delegado ante organismos de educación superior y comenzó el carrerón de este “militante de la Revolución Ciudadana” –así se describe en su cuenta de Twitter- ministro coordinador de Talento y Conocimiento Humano, responsable del ministerio de Cultura y, ahora, canciller de Ecuador.

Atiende a Público a trompicones, mientras embarca en el avión que le lleva de vuelta a casa tras una gira europea con paradas en Londres, Ginebra, Madrid y Barcelona. El gobierno español ha comprometido 100 millones de dólares para la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del pasado mes de abril. Así que sólo pone una condición para la conversación: nada de 26J ni de política doméstica patria.

¿Recuperado ya el país del terremoto de abril?

La recuperación es compleja. Las heridas son profundas, pero se ha manejado bien la emergencia. En la segunda fase, la de los 30.000 damnificados, la prioridad ha sido subsidiar a familias que acogen a estos damnificados; en las zonas rurales, se han establecido campamentos, albergues con carpas, infraestructura sanitaria, comedores… En Ginebra hemos recibido la felicitación de la OCAH y de Naciones Unidas. Creo que hemos manejado bastante bien la situación. Y eso se debe a la creación de instituciones, al fortalecimiento del Estado en los últimos años –ahora tenemos una Secretaría de Riesgos que no teníamos antes- que nos ha permitido afrontar la situación mejor. Nos falta lo más difícil, la tercera fase, la reconstrucción. Tenemos estudios económicos que nos señalan que necesitamos 3.500 millones de dólares, el 3,5% de nuestro PIB. Así que nos vamos a demorar meses por no decir años.

¿Cuánto ha roto la economía emergente de Ecuador?

Seguimos siendo una economía pujante, con una tasa de transformación de la sociedad y la economía increíble: nos estamos alejando de las materias primas, buscamos ser una economía más diversificada que no dependa de los vaivenes de los precios del petróleo y creo que, en este momento, tenemos enormes posibilidades de inversión. Y claro, el terremoto es un golpe muy duro. Ojalá no hubiera ocurrido –yo estuve presente en la remoción de cuerpos de los escombros y fue terrible- pero hay que aprovechar el momento para tratar de reconstruir las ciudades, inyectar dinamismo económico, hacer ciudades más humanas, centros urbanos con espacios verdes, públicos. Es también una oportunidad.

¿Ha encontrado receptivos a los empresarios españoles?

En general hay muy buena voluntad. Y, por supuesto, los empresarios son más que bienvenidos a un país mucho más estable, con reglas más claras. En la década anterior a la llegada al poder del presidente Correa, tuvimos siete presidentes en diez años, una gran crisis bancaria; cada vez que enfrentábamos una baja en el precio del petróleo había profesores impagados, policías impagados, gente en la calle. Las condiciones son muy diferentes. Hemos estado creciendo al 5% anual hasta 2014.

A pesar de las crisis financiera mundial…

También ha afectado a nuestra economía, pero nuestra respuesta ha sido madura: la democracia sigue en pie, no hay golpes de estado, profesores y policías sí han sido pagados puntualmente. Tenemos una sociedad mucho más madura; el Ecuador es un país mucho más estable. Lo demostramos en momentos de bonanza, con un crecimiento mayor que ahora. Pero, en momentos de dificultad, estamos demostrando que estamos a la altura y eso es una gran señal para los inversores

¿Sin recelos hacia un gobierno de izquierdas? Le supongo al tanto de cómo se ha utilizado Venezuela durante la campaña electoral española…

Al final el tipo de inversionistas que nos interesan son los que no buscan repúblicas bananeras sino una inversión estable en el tiempo, que tenga retornos para el país, con trabajadores bien pagados. Siempre ha habido inversionistas que buscan países más corruptos, donde se pueda hacer el quick buck, como dicen los americanos. Pero hay inversionistas serios que quieren una relación a largo plazo. Para esos, nuestro contrato social significa un tremendo avance. Lo estamos viendo: nunca habíamos tenido tasas de inversión tan alta como ahora. Es verdad que en gran parte ha sido gracias a China. Queremos que hay más europeos y en eso estamos.

Argentina, Perú… ¿Se está derechizando América Latina?

Ha habido reveses importantes para la izquierda en América Latina, no hay que negarlos, pero no creo en eso del fin de ciclo, en el retroceso al neoliberalismo. La izquierda de la que yo vengo solía conseguir un 4 o un 5% en las urnas. Ahora, aun en el peor de los escenarios, se hace con el 48 o 49% de los votos. Es una izquierda fuerte, que ha demostrado que puede ejercer el poder.

A Ecuador le toca en 2017 y sin Rafael Correa, que no puede presentarse a la reelección. ¿Quién será el candidato?

No sabemos todavía. Hay un proceso de internas con varios nombres, pero no puedo contestar. Lo que sí puedo decir es que, a los nueve años y medio de Presidencia, Correa cuenta con un 70% de aprobación en las encuestas, que su proyecto político goza de mucha legitimidad. En el caso de Ecuador es muy difícil el retorno de la derecha al poder.

Da la sensación de que comienza a haber un déficit de liderazgos fuertes como el de Correa, o como fueron los de Chávez en Venezuela o Lula en Brasil.

Los liderazgos son únicos, difíciles de explicar. No se reproducen fácilmente. En nuestro caso, sin embargo, creo que hemos sido más un proyecto institucionalista, que ha generado instituciones, y eso es lo más importante. El nuevo Estado generado a raíz de la Constitución de Montecristi es diferente. El Ecuador puede pasar a la siguiente etapa sabiendo que el presidente Correa es joven y puede volver en otro momento. Ojalá. Será una decisión de él. Pero aquí lo más importante es lo relativo a la institucionalidad.

¿Se mira a América Latina con el prisma adecuado? ¿Les molesta la visión eurocéntrica de, por ejemplo, la realidad venezolana?

Hay una tradición eurocéntrica, sí, y también injerencista: algo así como ‘que los pobres latinoamericanos no saben resolver sus problemas y tenemos que intervenir’. Vemos algunos casos en nuestra región y no es una cuestión de buena voluntad. E incluso, cuando sí lo es, es un error porque polariza más, genera susceptibilidades y sensibilidades en una América Latina poscolonial. Y en una América Latina en la que, cuando se mete EEUU suele ser para empeorar las cosas, no para mejorarlas. Los países industrializados, los países del norte, no toman en cuenta esas sensibilidades cuando intervienen, a veces para consumo doméstico, por razones de política interna, o porque creen que es su manifiesto destino, como decían los norteamericanos. Para salvar al mundo meten la pata en lugar de aupar soluciones a los conflictos o a los problemas. No obstante quiero ser justo y reconocer que ha habido grandes momentos de solidaridad. Como con el terremoto que ilustra que el mundo se puede movilizar de forma despolitizada. En eso estamos muy agradecidos. No quiero dar sensación de insolencia.

Insisto en Venezuela ¿Cómo se mira desde Ecuador?

La posición del Ecuador ha sido de no injerencia, de apoyar el diálogo: hay procesos políticos en curso que no deben ser saboteados. Nosotros somos parte de la troika de países que apoyó el diálogo. Ahora hay otro mecanismo -el de UNASUR con los expresidentes Fernández Torrijos y Rodríguez Zapatero- y esa es la línea. Si no apostamos por el diálogo, seguimos polarizando y exacerbando. Y, en Venezuela, eso es peligroso. No se debe jugar con fuego.

¿Qué sabe de Julian Assange?

Lo he visto hace poco. Lleva cuatro años en una situación de detención arbitraria, como acaba de dictaminar el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas. No soy médico pero su salud no es de lo mejor; lo conozco y veo que su salud se ha deteriorado. Vive en un espacio muy restringido, con poca luz, sin aire fresco –no hay espacios al aire libre dentro de la embajada- y es una situación muy difícil para todos.

¿Cómo se resuelve?

Cumpliendo lo que mandan las Naciones Unidas que acaban de llamar a Reino Unido y Suecia a que permitan la libre movilidad de Julian Assange, que pongan fin a la detención arbitraria. Cuando ha habido informes del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias, el Reino Unido ha sido el primero en exhortar a su cumplimiento, y recuerdo el caso de Aung San Suu kyi en el que Reino Unido jugó un rol de liderazgo. Ese mismo grupo le pide ahora a Reino Unido tomar cartas en el asunto y permitir la libre movilidad del señor Assange. Se resuelve por ahí.

Y quiero enfatizar que, a lo largo de los últimos cuatro años, el Ecuador siempre ha propuesto soluciones. Pedimos garantías de no extradición a un tercer país; dijimos que nuestro problema no era con la justicia sueca, ni queríamos entorpecer los procesos judiciales en Suecia, pero que el asilo se da por legítimas preocupaciones de que pueda haber una persecución política. La única forma de no tener esa legítima preocupación es garantizar que va iba a haber extradición a un tercer país. También pedimos durante varios años a la justicia sueca que lo interrogue en la embajada –práctica bastante común en el seno de la UE- y la fiscalía sueca no quiso. Hay una serie de cosas que nos hacen pensar que la solución podría darse, pero que hay fuerzas que no permiten que se dé.

José María Margallo dice que las relaciones de España y América Latina son “relaciones de familia”

Son excelentes. Hay diferencias en lo político y lo ideológico pero tenemos muy buenas relaciones. Mi visita a España ha estado motivada principalmente por la defensa de los intereses de nuestra diáspora. Ecuador ha emprendido una serie de acciones en España para la defensa de sus intereses. Y el tema de las hipotecas es fundamental. Hemos sido únicos en el mundo con un presupuestos muy importante para la asesoría jurídica y legal de nuestros migrantes. En este momento son 12.000 familias, cerca de 60.000 personas, las que se están beneficiando de esas políticas. En los últimos años hemos destinado cerca de siete millones de dólares solo en ayuda legal totalmente pagada por el gobierno ecuatoriano. Los desahucios son asunto de enorme preocupación.

Y de ellos habló con las alcaldesas de Madrid y Barcelona….

Me reuní con Manuela Carmena y con Ada Colau para agradecerles a ambas todo lo que han hecho por la comunidad migrante. Y en particular, en Barcelona donde estuve ayer, toda su lucha contra los desahucios. Una lucha que encaja muy bien con nuestra manera de ver las cosas en Ecuador. Al canciller Margallo le insistí una vez más en la importancia de la exención del visado Schengen del cual ya se benefician Colombia y Perú. Nosotros todavía no. España ha sido aliada de Ecuador en ese sentido y, como país miembro de la UE, le pedí al canciller Margallo que nos ayude.

Sobre migrantes, Ecuador se ha convertido en un país receptor de españoles ¿Cuántos desde que comenzó la crisis?

No tengo el dato exacto, pero España está entre los cinco primeros países con nacionales presentes en Ecuador. Y además ha habido una reducción absoluta del flujo de ecuatorianos hacia España. Incluso una reversión. Entre 2011 y 2012 vimos un flujo migratorio negativo: más gente volviendo a Ecuador que saliendo hacia España. Y eso también da fe de los avances que se han vivido en Ecuador.

Sabe que aquí ha sorprendido su imagen, su juventud, su discurso.. Igual es usted un buen sustituto de Correa

Jajaja. No, no, muchas gracias. Es usted generosa, pero no. Además la Constitución no me lo permite: no soy nacido ecuatoriano. Y aunque me lo permitiera, no es parte de mis ambiciones. Para mí ha sido un honor servir a la Revolución Ciudadana durante estos diez años, ahora como canciller de la República. Un tremendo gusto, más con el presidente Rafael Correa, el que ha cambiado la historia de Ecuador. Pero no, no se puede y no quiero.

 

Por Cristina S. Barbarroja

Fuente: publico.es