WikiLeaks expone el "hacking" de la CIA, con Fráncfort como centro europeo

A diferencia de las revelaciones que hizo Edward Snowden en 2013, los 8.761 documentos filtrados por Wikileaks no parecen indicar que la CIA haya incurrido en graves ilegalidades, salvo saltarse la Vulnerabilities Equities Process que le obliga a informar a las compañías tecnológicas de las vulnerabilidades que descubren o producen en el curso de una investigación.

Pero, si la lista de espiados con estas herramientas no es contrastada con la lista de ordenes judiciales correspondientes, o incluye nombres que no forman parte de una investigación terrorista o penal, entonces la CIA estaría violando gravemente a la legislación. Para no ser cómplice en ese posible abuso de poder, Wikileaks debería entregar esa información a las asociaciones internacionales de defensa de derechos civiles que puedan investigar la legitimidad del espionaje. No hacerlo sería igual o más grave que no entregar  “el mayor arsenal de virus y troyanos del mundo” a las únicas empresas capaces de neutralizarlos. 

El extraordinario cambio en Wikileaks

En cualquier caso, la edición misma del material contradice uno de los principios fundamentales de Wikileaks: filtrar los documentos siempre íntegros en nombre de la transparencia informativa total. Esta ha sido la razón principal por la que Assange se ha peleado con todos sus colaboradores y aliados de la última década, desde cabeceras como The  New York Times, The Guardian y Der Spiegel hasta aliados naturales como  Glenn Greenwald o el propio Edward Snowden, con el que tuvo un intercambio poco galante sobre el particular.

Y esta es la primera vez en que Julian Assange admite haber manipulado sus filtraciones, en un apartado de su nota de prensa llamado Preguntas frecuentes, bajo el epígrafe: Redaction.

Extracto de la nota de prensa de Wikileaks acompañando el #Vault7

“Redaction” es lo que los profesores de inglés del instituto llaman un “falso amigo”, porque no significa exactamente lo mismo que su gemelo español –escribir, componer, narrar– sino lo contrario: revisar, editar o borrar un contenido antes de su publicación. También era un término que Wikileaks consideraba enemigo del buen periodismo.

Todo empezó con el famoso video Collateral Murder, donde se ve dos helicópteros Apache estadounidenses abriendo fuego contra un grupo de iraquíes, asesinando a 12 de ellos, incluidos dos colaboradores de la agencia de noticias Reuters. El primer vídeo que publicó Wikileaks estaba editado para conseguir un mayor impacto en una audiencia acostumbrada a las películas de acción. Les acusaron de haberse inventado un relato con trozos de material y con propósito propagandístico.

La respuesta de Julian Assange entonces fue: “Es ridículo alegar que hemos sacado nada de contexto”. El NYT ofreció  ambos vídeos para legitimar el material. En aquel momento, Wikileaks estaba en la cima de su influencia. Y Assange se manifestó como el antídoto contra la crisis que había intoxicado el periodismo, y la inspiración para muchos de los grandes proyectos mediáticos que han cambiado y seguirán cambiando los medios, para mejor. Pero los tres años de encierro en la Embajada ecuatoriana han sido poco amables con su líder y la propia organización, que vive un momento muy crítico del que le será difícil recuperarse.

Si ha habido un momento en el que necesitan apelar a la transparencia, es este. Pero tienen la oportunidad de aprovecharlo con cabeza, compartiendo la información que se han guardado con aquellas instituciones cualificadas para usarlos en beneficio de todos. El derecho a la intimidad es uno de nuestros derechos civiles, que son los derechos que nos garantizan la participación en la vida social y política de nuestro país. Wikileaks puede y debe ahora proteger el delicado ecosistema que permite que existan las huelgas, las manifestaciones y la participación en la vida civil.

Por Marta Peirano

Fuente: eldiario.es

 

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