Por si algo faltara,  para complicar aún más de lo que ya está la vida en la Unión Americana, desde el 20 de enero, cuando arribó a la Casa Blanca el irredento mentiroso presidente, Donald John Trump, el martes 7 del presente WikiLeaks –la plataforma creada por el australiano Julián Assange para filtrar información confidencial de muy alto nivel–, comenzó a publicar lo que se considera la mayor filtración de documentos “secretos” de la historia de la Central Intelligence  Agency (CIA: Agencia Central de Inteligencia) de Estados Unidos de América (EUA).

Si este robo se confirma –como todos los indicios señalan–, no sería mas que la evidencia de un programa de ciberespionaje mediante el cual los servicios de “inteligencia” estadounidenses pueden intervenir (“piratear”, o como guste) todos los teléfonos “inteligentes” (o “tontos”), ordenadores, iPads, tabletas y televisores digitales del mundo y conexiones a la Internet, convirtiéndolos en “herramientas” (micrófonos) a su servicio para espiar a los usuarios. Tan simple e increíble como eso.

De acuerdo a un comunicado de la propia plataforma, la CIA “recientemente perdió el control de la mayoría de su arsenal de hacking, incluyendo software, virus maliciosos, troyanos, sistemas de control remoto y documentación asociada… El archivo parece haber estado circulando de forma no autorizada entre antiguos hackers y proveedores del Gobierno, uno de los cuales ha proporcionado  fragmentos a WikiLeaks”.

Según el periódico The New York Times, la primera parte de la filtración consiste en 8,761 documentos y archivos de una red de alta seguridad aislada y situada en el domicilio de la CIA, en Langley, Virginia. Toda la información tiene un volumen similar al de los renombrados cables del Departamento de Estado, y a los datos sobre el espionaje electrónico a gran escala de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, sus siglas en inglés), publicados por WikiLeaks en 2010 y en 2013, respectivamente. La Agencia, que en principio solo opera fuera de territorio estadounidense, y al contrario de la NSA, recopila datos electrónicos en forma selectiva, no ha confirmado, ni desmentido, la veracidad de lo hecho público por la plataforma. Asimismo, las empresas afectadas –varias de ellas las mayores multinacionales de EUA, Corea del Sur (en estos momentos convulsionada por la expulsión de su presidenta acusada de corrupción), y China–, no han hecho declaraciones al respecto.

Ahora bien, el bautizado  programa Año Cero incluiría toda una gama de armas informáticas para “piratear” teléfonos y dispositivos fabricados por compañías del Tío Sam, como los iPhone de la compañía que tiene como símbolo una mordida manzanita. el sistema Android de Google, el Windows de Microsoft, o los televisores Samsung con conexión a Internet, que se convertíen en micrófonos encubiertos utilizados para espiar a los usuarios. La plataforma dice, además, que el sistema de intervenir las televisiones Samsung se diseñó en el Reino Unido de la Gran Bretaña, en colaboración con el  MI5, el servicio de inteligencia británico.

Muchos lectores se preguntarán cómo es posible esto. La respuesta parece de una novela de espionaje. Simple pero creíble. Cuántos de quienes lean esta crónica podrían decir que se han molestado en leer la letra pequeña de los manuales de uso de los dispositivos electrónicos que ahora abundan tanto en el hogar como en las oficinas.

Algo lógico, si se toma en cuenta que las instrucciones de uso, sólo en materia de privacidad, suman 10,640 palabras en el caso de Google, 19,972 en el del servicio de contenidos de Apple iTunes, y de 36,275 (!) en el de la empresa de medios de pago PayPal. Como simple referencia, hay muchos clásicos de la literatura en inglés y en español que  apenas superan las 30,500 palabras.

El porcentaje de usuarios que se tomen la molestia de leer esa “letra pequeña” de los manuales debe ser muy reducido, en todo el mundo. Así, sucede en el programa Weeping Angel (Angel que llora), diseñado para las televisiones inteligentes de Samsung. “Después de infectar [el aparato], Angel que llora pone al televisor en un modo off falso”, dice la nota de prensa colgada por WikiLeaks en su página web. Cuando está en modo off falso, la televisión parece apagada, pero realmente no lo está. De hecho, “graba las conversaciones en la habitación en que está situada y las envía a través de la Internet a un servicio secreto de la CIA”.

Es más, desde 2015 cuando Samsung sacó a la venta en el mercado estadounidense sus televisiones inteligentes –con el slogan publicitario “La tele nunca ha sido tan lista”–, el gigante surcoreano ya advertía en su manual de instrucciones que el “dispositivo puede recibir órdenes orales que Samsung podría “recolectar” y transmitir (junto con información acerca del dispositivo, incluyendo la identificación de éste) a terceros”, incluso en el caso de que esos datos incluyeran “información personal o sensible”.

En esencia, afirma WikiLeaks, la CIA desarrolló programas para “intervenir” prácticamente todo. En este proceso se incluyen las tabletas y teléfonos “celulares”, decimos en México, “móviles” en España: IOS, de Apple, que cuenta con el 14.5%  del mercado mundial y Android, de la gigante Google, cuya cuota asciende al 85%.

De tal forma, la plataforma creada por Assange afirmó en su web que la Agencia ha creado un grupo de trabajo especial para trabajar con el sistema operativo de Apple, no obstante su menor presencia a escala mundial, dado que los aparatos de esa empresa “son muy populares entre las élites diplomáticas, políticas, solo irles y empresariales”.

Las modalidades utilizadas por la CIA para espiar el mundo –algo que no es novedad pues durante el mandato de Barack Obama muchos mandatarios del primer mundo y de otros lares menos favorecidos, como Brasil y México, reaccionaron con fuerza al saber que sus teléfonos eran intervenidos por los servicios de inteligencia estadounidenses–, son muy complicados, que únicamente súper especialistas pueden explicar su funcionamiento. Asimismo, en los últimos años, WikiLeak ha puesto al descubierto el espionaje masivo, tanto a ciudadanos como a gobernantes, por parte de agencias como la NSA y la propia CIA. El sistema de espionaje cibernético de las agencias del lado norte de la frontera de México, afecta a los sistemas de mensajería, como WhatsApp (propiedad de Facebook), Signal (de Open Whispers de EUA), y Telegram (del empresario ruso Pavel Durov).

Además, la plataforma informa del Programa Umbrage (Resentimiento), que es un sistema de engaño que utiliza la CIA para ocultar sus huellas y generar la impresión de que sus ataques informáticos fueron cometidos por otros países. Al efecto, “mantiene una considerable librería de técnicas de ataques (on líne) robadas de malware de otros países, incluyendo la Federación Rusa”. Dicho de otra manera: cuando el ciberespionaje ruso ataca a EUA, este país copia los programas informáticos del Kremlin para cubrir sus propias “huellas dactilares”. Sin duda el sistema democrático occidental ya no puede sostenerse en el viejo ideal griego, actualmente el poder ya es cibernético, muy lejos de las urnas y del tiempo que los comicios tenían que contabilizarse, una por una, las papeletas de la votación.

Mientras continúan las publicaciones de documentos “secretos” de las agencias y de la administración estadounidense por parte de WikiLeaks, hay que recordar que este sitio web apareció en diciembre de 2006, hace ya once años, pero su actividad no empezó sino casi dos años más tarde. Su fundador, Julián Assange, lo concibió como una organización internacional sin ánimo de lucro destinada a filtrar documentos secretos de interés público en todo el mundo, con el obvio disgusto de los dirigentes de la Unión Americana.

La base de datos acumula por lo menos 1.2 millones de documentos. Sus revelaciones más importantes han tenido a EUA como objetivo, sobre todo por su actividad militar en las guerras de Afganistán e Irak.

En tales condiciones, expertos y viejos agentes del espionaje estadounidense han. Alertado de la gravedad de esta filtración. The Washington Post publicó el comentario de un antiguo responsable de la CIA: “Cualquier exposición de estas herramientas va a causar un grave daño, si no irreparable, a la capacidad de nuestras agencias  de inteligencia para llevar a cabo su misión”. Además, esto puede no haber acabado, pues WikiLeaks dice que lo filtrado ahora  es solo parte de los 9,000 documentos en su poder y que amenaza con ir publicando. Y Trump se enfrenta a sus agencias de inteligencia y los vitupera. Pronto se verá quien sobrevivirá.

De acuerdo a la plataforma, la fuente que les proporcionó los documentos planteó la necesidad urgente de abordar si las capacidades de pirateo de la CIA “exceden a  los poderes que tiene encomendados” y el problema de la supervisión pública de la agencia, al tiempo que pretende abrir “un debate público acerca de la seguridad, creación, uso, proliferación y control democrático de las ciberarmas”. Hay quien cree que la fuente fue alguno de los contratistas de la CIA. Otros piensan que es posible que Rusia sea la que haya robado los documentos mediante hackeo u otros procedimientos. Además, Rusia es el país que acogió a Edward Snowden desde 2013, y el pasado mes de enero el Kremlin renovó or otros dos años el permiso para que permanezca en el país como asilado político.

Para concluir, cito el primer párrafo de un artículo de Pedro Rodríguez, del periódico ABC de Madrid: “A James Reston, legendario periodista del New York Times, le gustaba recordar que un gobierno es la única clase de buque que hace agua por arriba. Desde hace varias décadas, es perfectamente posible entender el funcionamiento de Washington como el lugar donde confluyen  leaks (filtraciones), whistleblowers (alarmas sonoras) y plumbers (plomeros). Sólo cambia la tecnología. Desde la fotocopia original, con su inolvidable tufo de  amoniaco, a los gigabytes transmitidos por Internet”. Sin duda. VALE.

 

Por Bernardo González Solano

Fuente: siempre.mx

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